Búsqueda: mi palabra clave

sobre la felicidad

En nuestra historia personal y laboral, seguramente tengamos varias palabras claves que nos definen. Es interesante el ejercicio de bucear en el autoconocimiento, explorar los significados y encontrar un eje, a veces integrador, otras veces tranquilizador.

No tengo dudas de que mi vida laboral se podría sintetizar en la palabra “búsqueda”.

Hace veinticinco años que me dedico a “buscar” candidatos para cubrir vacantes de empleos.

Hace veinte años que ayudo a personas a “buscar” empleo y oportunidades para emprender.

Hace veinte años, también, elijo con quien trabajar. Eso es un privilegio. Desde que mis propias experiencias, me hicieron tomar conciencia de la importancia de trabajar con buenas personas, “busqué” rodearme de colegas, colaboradores, empleadores, clientes y profesionales, que se pudiesen convertir en amigos.

Una de las actividades, que podría definir como de voluntariado en mi trayectoria profesional, es “buscar” profesionales de la salud para mis amigos y familiares o amigos de amigos o pacientes de colegas y así la cadena de contactos a veces se vuelve extensa o lejana. Descubrí cuánto me alegra cuando meses después mi amiga me dice: “Sabés que Laura está mucho mejor desde que hace terapia con tu amiga Martha, la psicóloga” o “Gracias al consejo de tomar una cuidadora para mi mamá pudimos evitar la internación”. Esas devoluciones me llenan de satisfacción y me nutren. Me recuerdan, además, algo que en el correteo cotidiano solemos olvidar y es que todos estamos (o deberíamos estar) en este mundo contribuyendo a construir un entramado solidario que va más allá de lo que nuestros ojos pueden percibir. Realizar acciones simples y desinteresadas desde nuestros lugares, que tiendan al bien común o al bienestar general, es un gesto sencillo con el cual podemos aportar nuestra ayuda con quien la está necesitando. Les aseguro que lo que se da vuelve y multiplicado. Lo sé porque lo he necesitado. Sobre el poder de la red de contactos he hablado y seguiré haciéndolo, desde un lugar más testimonial que teórico.

El refrán dice “El que busca encuentra”. Quiero confesar una intimidad. No soy ordenada: suelo perder cosas, olvidar dónde dejé eso importante que de tan bien guardado no encuentro cuando lo necesito. Paradójicamente, una cualidad que me destacan es que casi siempre encuentro lo que otro “busca” desesperadamente, a partir del interrogatorio secuencial (habilidad que he desarrollado como entrevistadora) que permite seguir la lógica de las acciones realizadas, yendo desde el presente hacia el pasado. ¿Cuándo lo usaste por última vez? ¿Con quién estabas? ¿Qué ropa tenías puesta? Y así, en una entrevista cerrada y a veces molesta por la ansiedad de ambos, logramos dar con el paradero de la billetera, el documento o la llave extraviada.

Mi palabra clave es “búsqueda”. Si tuviera que seleccionar una sola, es esa la que mejor define mi actividad, quizás también mi actitud y mi motivación. La “búsqueda” implica un proceso dinámico e incompleto que presupone la contracara de un encuentro. Encontrar una oportunidad, una persona, un profesional o un objeto. Encontrar lo que necesitamos, lo que perdimos, lo que nos falta o lo que deseamos.

Reflexionar sobre cuál es nuestra palabra clave, aquella que puede definirnos y representarnos, de manera más genuina y cercana, puede resultar útil para nuestros momentos de crisis o pérdida de brújula. Nos permite poner en perspectiva aquello que suele parecer caótico.

Cecilia Rodríguez Casey

Curriculum, un texto estratégico

curriculum vitae

El currículum es la síntesis de la trayectoria académica y laboral en función de un objetivo específico vinculado a obtener una vacante laboral. Es un elemento más del sistema que constituye el proceso de búsqueda de un empleo, con el cual debe estar en consonancia. Es decir, no es simplemente el relato de una experiencia, sino que es una pieza fundamental y estratégica dentro de un proyecto conformado por otras variables e instancias (plan de carrera, redes sociales, presentación efectiva, entre otros) con las que debe ser coherente.

Es un texto que integra un circuito comunicativo cuyo destinatario es un selector y cuya lectura recreará una identidad virtual de un candidato al que físicamente no se conoce. Tan ambicioso objetivo se da, además, en un contexto de múltiple lectura que es el proceso de reclutamiento. El currículum constituye la exhibición de quiénes somos y la posibilidad de apertura o clausura de un proyecto, pues es el selector quien a través de una lectura fugaz decidirá si un candidato continúa o no dentro del proceso de selección. Tanta responsabilidad concentrada tan sólo en el contenido de unas dos páginas, extensión máxima recomendada. De ahí la necesidad de que comunique de manera eficaz, estratégica, coherente y atractiva la identidad de un candidato.

Cuanto más extensa sea la trayectoria, más complejo suele tornarse el arribar a una síntesis que estará atravesada por la decisión de qué información figurará y cuál no. El criterio que guiará ese recorte es el valor que se le otorgue a la historia laboral y académica en función del presente profesional. ¿Es necesario mencionar las primeras experiencias? ¿Y todos los cursos de formación que se han realizado o las jornadas a las que se han asistido? Estos y otros tanto interrogantes suelen atravesar el proceso de escritura de un currículum. Y las respuestas serán particulares en cada caso porque único es cada candidato, su historia, su trayectoria, sus objetivos y sus proyecciones.


El currículum senior

El currículum senior, es decir el que supone ya una trayectoria laboral, debe contar con un perfil y el detalle de las competencias, responsabilidades y logros que permitirán la reconstrucción textual de un recorrido.

El perfil es un texto de unas pocas líneas, formado por uno o dos párrafos, que se ubica al inicio, donde se detallan las funciones esenciales de la experiencia laboral, que conforman la descripción de la identidad profesional del candidato.

Se detallan allí las competencias, es decir las características del individuo que forman parte de su personalidad, se relacionan con un estándar de efectividad y pueden predecir desempeño (atención al cliente, planificación y organización, liderazgo, entre otras). Las competencias a detallar presuponen un análisis de la propia experiencia para detectar las capacidades recurrentes que han guiado los logros profesionales.

El perfil suele leerse en primer lugar invitando al selector a continuar y profundizar la lectura. Por lo tanto, la información que allí figure debe resultar atractiva pero insuficiente, es decir generar en el lector la necesidad de adentrarse en el texto para conocer lo esbozado en el perfil.

Los logros son los resultados concretos y puntuales que han significado una ganancia para la empresa o han repercutido positivamente en la estructura y organización de la misma. Pueden figurar luego del perfil o de cada experiencia profesional. Suelen redactarse a partir de conceptos como aumento, optimización o reducción que destacan el impacto positivo de la acción que se describe a continuación.

Hay que saber distinguir el concepto de logros con el de responsabilidades. Mientras que el primero implica un resultado el otro supone una acción. Por lo tanto, la estructura del currículum debe facilitar a través de recursos como subtítulos o viñetas la clara distinción entre ambos.

Consideraciones generales a tener en cuenta


El currículum es un texto breve destinado a una lectura rápida y eficaz. Cada línea de su extensión supone un espacio de valor, en tanto lo que allí se dice ha surgido de una síntesis y de una selección estratégica.

Para lograrlo no hay que reiterar información que ya ha sido dicha, ni brindar aquella que no se corresponda con la propia experiencia. No sería pertinente detallar, por ejemplo, en qué consiste una carrera, una formación de posgrado o la fundación para la cual se ha trabajado pues esa información no da cuenta de quién es el candidato.

Hacer uso de variedad de recursos tipográficos (letra en negrita, diferentes tamaños) suele contribuir a la lectura veloz y en capas del currículum. Evitar la linealidad y la uniformidad en el diseño que no posibilitan, en un primer acercamiento, distinguir la información relevante en los segundos iniciales que un selector dedica a un currículum. Un texto homogéneo presupone únicamente una lectura lineal y completa para su apropiación. Nada más alejado que el contexto del reclutamiento llevado a cabo por un selector.

Es aconsejable seleccionar un diseño moderno y colorido, que favorezca la disposición de la información en la página y que resulte visualmente atractivo. En la actualidad, gracias a las herramientas presentes en la web, las plantillas con diseño son muy variadas y accesibles.

Por último, cada currículum es único porque cada individuo es único y, más allá de las formalidades y condiciones externas impuestas para su construcción, debe estar en sintonía con el candidato. Un currículum con identidad propia, que dé cuenta de la singularidad, constituye el punto de partida de un proceso exitoso.


Lic. Juliana Seijo

Presentación Profesional Efectiva

Presentarse efectivamente

¿Qué es?

¿Para qué sirve?

¿Por qué debería aprender a hacerlo?

¿Cómo lo puedo hacer?

Es encontrar un modo de decir quién soy, qué hago, cómo lo hago, por qué, para qué y para quién.

Contamos con numerosas oportunidades de mostrar al mundo a qué nos dedicamos, qué buscamos, cuál es nuestro objetivo. El modo en que lo hagamos y, no sólo el contenido de nuestro discurso, determinará en gran parte el éxito de ese contacto social. Nuestra presentación permitirá que otros puedan recomendarnos, recordarnos, comprar o vender nuestro servicio o aconsejarnos algo valioso.

Todos podemos vernos beneficiados si aprendemos a presentarnos mejor. En ocasiones, sentiremos que no logramos nuestro objetivo en forma inmediata pero, con el tiempo, sabremos que lo que estamos cosechando alguna vez ha sido sembrado en el pasado, cuando nos animamos a aprovechar ese momento, a veces muy breve en que nos hicimos más visibles.

Nuestra presentación efectiva debe ser breve, concreta, contener palabras, gestos y también emociones.

Recomendamos practicar y escribir y, hasta filmarnos, para lograr que aquello que queremos comunicar  se vaya puliendo y adaptando a cada situación. Notaremos con sorpresa que irá mejorando con la práctica a fuerza de entrenamiento.

Son dos habilidades esenciales las que vale la pena desarrollar: nuestra comunicación y nuestra capacidad de influencia y persuasión.  Para lograrlo,  sorteamos obstáculos: timidez, miedo, prejuicios, baja autoestima, entre otros. Reconocer cuál es la traba para Presentarnos  Efectivamente, puede ser un primer paso. Comenzar a trabajarla es una buena decisión que requiere valentía y esfuerzo.

Una vez que estemos decididos a comenzar, podemos responder la siguiente guía en forma sintética: quién soy; qué hago; qué sé hacer; qué estudié o cómo me capacité en mi actividad; qué busco ahora; cómo lo hago; como empecé; cómo lo seguiré desarrollando; por qué me gusta; para qué lo hago y para quién. Según la ocasión, puedo sumar preguntas vinculadas a qué solicito (si consideramos que nuestro receptor podría ayudar en algo) y qué planifico para el futuro.

Nuestra  presentación será más convincente si demuestra una motivación ligada a nuestros intereses, nuestra vocación, nuestros sueños y logramos comunicar cómo  eso se traslada a un servicio o a un producto que responde a alguna necesidad o propone alguna innovación.

¡A practicar!

Volver a jugar, a reír, a explorar…

De niños tenemos un mundo por delante a explorar, que es nuevo, nos sorprende y lo descubrimos a través de los sentidos, generando todo  tipo de experiencias. Las mismas se inscriben en nuestra memoria como recuerdos que generarán aprendizajes y harán más previsible el entorno. La fascinación, la alegría, la risa, el  placer, el  enojo y el  dolor, que puedan provocar estos estímulos en la temprana infancia, van perdiendo su intensidad en la medida que nos exponemos menos a situaciones nuevas.

Volver a explorar, a jugar, a reír (con la inocencia de quien no conoce, no sabe o no lo vivió)  es una invitación a reeditar y redescubrir un aspecto de un enorme potencial en nosotros mismos que en la adultez puede ir apagándose.

Vivimos un día a día  orientado hacia la obtención de resultados y metas, inmersos en una existencia marcada por la falta de tiempo y tareas rutinarias a realizar, que olvidamos  o descuidamos  el hacia dónde o el para qué o quién. A su vez, nuestro exceso de conexión con aparatos, que en teoría aumentarían la comunicación pero que en la vorágine suelen  convertirse en un fin y no en un medio, empobrece la esencia del encuentro entre personas. Este contexto puede contribuir a que se vaya  apagando la luz interna de la exploración.

El juego, el aprendizaje en sentido amplio (no sólo el formal), el humor, la risa, el buscar qué nos gusta hacer y qué nos divierte sin ningún resultado esperado, son recetas muy antiguas para una mejor calidad de vida.

Así como la práctica constante de la respiración profunda en cualquiera de sus formas es incompatible con estados de ansiedad, podríamos pensar que el buscar actividades placenteras, lúdicas, de exploración de nuestros sentidos, que nos permitan desplegar un potencial interior (no necesariamente vinculado a lo que hemos estudiado o con el trabajo que realizamos), puede traernos grandes beneficios.

Está en cada uno bucear en una búsqueda interior hacia los  recuerdos, los intereses, las motivaciones y los  valores para trazar el propio camino y elegir un primer paso a dar. Las grandes metas y decisiones,  en momentos de mucha euforia, se desvanecen al día siguiente si el cielo amaneció gris. Por lo cual, se recomienda comenzar de a poco conectándose con lo se quiere y se puede hacer.

Presentamos un listado, sólo como un repertorio posible, para ayudar en esta elección dentro de la amplia gama de alternativas que los seres humanos tenemos:

Escuchar la música que nos gusta; jugar con nuestros hijos, sobrinos o niños en general observando e imitando su capacidad de simbolizar y de goce sin reloj; practicar un deporte que nos agrade; caminar; estar en contacto con la naturaleza, con las plantas, el agua, y los animales; hacer jardinería; desarrollar cualquier actividad artística: pintura, cerámica, escultura, cine, literatura, tocar un instrumento o cantar; cocinar; pasear; conocer lugares nuevos; hablar con gente desconocida; ayudar a otros; retomar vínculos satisfactorios; ser agradecido y demostrarlo en actos; realizar actividades que nos divierta; leer; meditar; enseñar y compartir lo que sabemos….

En síntesis, regalarnos el tiempo para la reflexión y para mejorar nuestra vida como un primer paso para aumentar nuestro bienestar.

Lic. Cecilia Rodriguez Casey

 

Emprendedoras Atentas

emprendedoras atentas

Emprender implica muchas veces una carrera sin límites. Las exigencias que nos impone nuestro ritmo de vida y el momento tan especial de comenzar un proyecto laboral independiente es de por sí desafiante y, a veces, estresante.

Vivimos en una sociedad que estimula la hiperactividad, que nos lleva a postergar o descuidar nuestra salud física y mental. Sumado a esto, las mujeres de hoy tendemos a seguir sosteniendo algo típico de nuestro género: el “multitasking” (hacer varias cosas a la vez) con la ilusión de poder hacer todo rápido y bien. Estamos  entrenadas en este tipo de atención y actividad,   pero tiene un alto costo: agotamiento, ansiedad, sensación de inquietud, desconexión.

Emprender requiere creatividad, organización, dinamismo, apertura a nuevos aprendizajes y vínculos sociales, tolerancia a la frustración, paciencia,  motivación, autoconfianza y  serenidad.  Muchas son las competencias requeridas para que se den las condiciones de éxito a las que aspiramos.

Para emprender, también se recomienda estar en armonía con uno mismo, tomar el tiempo de reflexión necesario que nos lleve a pensar qué queremos, cómo lo desarrollaremos, qué herramientas utilizaremos. Para ello, necesitamos estar conectados con el momento presente, con nosotros mismos. Nuestra mente tiende a ir al pasado y al futuro, y le cuesta centrarse en el momento presente, en lo que nos sucede en ese instante.

La propuesta es aprender a pasar del “modo hacer” al “modo ser” y vincularnos más con nuestro mundo interior para, desde ese conocimiento más profundo de hoy y con mayor conexión con nosotros mismos y los demás, lograr aquello que deseamos emprender.

En el marco de Talleres de Calidad de Vida, te invitamos a participar de un taller que puede ayudarte a manejar mejor el estrés y la ansiedad cotidianos, y vivir cada momento con mayor plenitud y bienestar.

Desarrollar la flexibilidad

¿Cuántos cambios podemos tolerar? ¿Cuán rápido lo hacemos?  ¿Es posible  adaptarnos constantemente a lo que se impone desde el exterior? ¿Qué implica adaptarse a situaciones nuevas? ¿Hay personalidades más proclives al cambio?

Éstas y muchas otras preguntas nos hacemos al sentirnos permanentemente sacudidos por la necesidad de cambiar y no quedar afuera de un mundo que muta vertiginosamente. Vivimos cambios en diferentes planos como el tecnológico y el climático. Estamos a expuestos a los que se generan por los nuevos paradigmas culturales,  laborales,   familiares, sociales y escolares, entre otros tantos, que nos desafían permanentemente, cuestionando nuestro modo de vivir y de pensar.

Es muy frecuente escuchar en diversos ámbitos hablar de  la competencia llamada “flexibilidad”, que es la capacidad de adaptación a los cambios. Vale la pena, entonces, detenernos y reflexionar sobre este concepto.

El ser humano, como la misma naturaleza, se transforma permanentemente, y debe dejar atrás parte de lo recorrido y lo vivido para poder crecer. Como sostenía el antiguo filósofo griego Heráclito: “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”. Por lo tanto, expuestos a lo propio y a lo ajeno, a lo interno y a lo externo, al ciclo vital y la rutina social, muchas veces debemos  replantearnos nuestras ideas, concepciones y prejuicios  porque no encajan ni son funcionales con nuevas situaciones a afrontar.

Sin embargo, también es cierto, que las personas necesitan echar raíces, tener un cierto núcleo social estable, buscar una estabilidad que brinde seguridad, y ejercer control a veces   en contra del cambio que ya está sucediendo.

Hay personas más orientadas a los cambios,  que los disfrutan y buscan,  porque les atrae la variedad y la diversidad de estímulos.  Suelen aburrirse fácilmente y necesitan salir de las rutinas como estilo de vida.

Otras, en cambio, tienden a manejarse con estructuras más estables. Sus intereses son más claros y acotados, y su círculo social es más pequeño. Les suele costar generar nuevas respuestas para los problemas  que se les van presentando ya que tienden a aplicar lo conocido, aunque no siempre les sea útil.

Ambos tipos de personalidades son simplemente diferentes, no hay mejores ni peores.

A veces la vida exige cambios, que no siempre son tan bienvenidos ni podemos ejercer control sobre ellos. Se recomienda entonces desarrollar la flexibilidad: intentar sacar provecho del proceso  al que uno se expone, aunque no lo haya elegido, y tomarlo como una oportunidad de aprendizaje y de desarrollo de recursos. Más allá del resultado que obtengamos en esa situación puntual que nos generó tener que  adaptarnos, habremos desarrollado alguna herramienta que comience a formar parte  de nuestro propio bagaje.  De esta manera, podremos  volver  a utilizarla quizá frente a otras situaciones de cambios, buscadas o no, que se nos presenten,  permitiéndonos  que afrontarlos sea probablemente  una tarea más sencilla.

El miedo al cambio: la cara oculta de las dificultades para tomar decisiones

Los seres humanos no podemos no decidir, aun cuando pensamos que no decidimos estamos decidiendo. Sin embargo, la dificultad para tomar decisiones es uno de los motivos más recurrentes en las consultas psicoterapéuticas.

Durante mí recorrido profesional, he sido testigo de la repetición asidua de uno de los grandes motivos que bloquean a las personas hacia sus supuestas metas u objetivos: el miedo al cambio.

Grande es la paradoja cuando revisando, podemos confirmar que el cambio es parte intrínseca de la vida en este planeta. Hago extensivo el concepto porque la naturaleza sabia nos da sobrados ejemplos de esta afirmación: nada permanece igual ni para siempre, todo cambia y se transforma.  Parecería que los únicos seres que no fuimos anoticiados somos los seres humanos, quienes gastamos gran parte de nuestra energía (mental, emocional y física) resistiendo a los cambios inevitables y necesarios.  Sin percibir que la consecuencia de esta resistencia es el sufrimiento.

No me voy a extender en el origen del miedo al cambio, si quizás deslizar que nuestra mente está programada (desde diferentes influencias) para buscar seguridad.  Las situaciones que son conocidas y que manejamos en un nivel aceptable, forman la zona de confort. Paradójicamente, para crecer y desarrollarnos necesitamos salir de la zona de confort y afrontar desafíos.  Algunos desafíos podemos elegirlos; otros se nos presentan espontáneamente, y será nuestra relación con el cambio lo que determine el nivel de padecimiento de cada suceso.

En consecuencia, no podemos escapar del cambio… si podemos elegir cómo transitarlo: fluyendo o resistiendo.   Los cinco pasos, que se detallan a continuación,  nos ayudarán   a la hora  de tomar una decisión, salir de la zona de confort y comenzar a fluir con la vida.

Detectar a que le tememos. Identificar la fuente de nuestro malestar, y no solamente una sensación difusa, nos ayudará a tener un panorama más claro al momento de planificar nuestra decisión.

Diferenciar si el miedo es racional o irracional. Muchas veces nuestra mente nos juega malas pasadas, nos convence de la existencia de fantasmas que nos impiden avanzar en nuestro camino.  Diferenciar lo racional o esperable, de lo poco esperable es un gran paso al momento de armar las estrategias para avanzar en el nuevo camino.

Tener claro el beneficio de nuestro cambio o decisión. Ayuda tener anotado el o los beneficios para recurrir en los momentos que nuestra mente nos juega una mala pasada. Es una importante fuente de motivación, sobre todo si desglosamos esos beneficios en metas a corto plazo.

Revisar nuestros recursos. Con qué herramientas externas e internas contamos para afrontar las contingencias de nuestra decisión. Toda decisión implica una pérdida o un costo. Si al momento de decidir no somos conscientes de esto, nos veremos bloqueados en la mitad del camino.  Una vez que sepamos cual será la pérdida, permitirnos sentir angustia o tristeza es un modo de evitar bloquearnos y agrandar un malestar que también será pasajero.

Contar con una red social positiva. Es importante saber a quienes podemos recurrir en busca de apoyo emocional u operativo.

Tener presente estos pasos al momento de tomar decisiones nos ayudará a no perdernos en el camino, enredados en sensaciones y percepciones erróneas.

            Los buenos navegantes no surgieron de aguas calmas

Lic. Andrada Vanesa

 

Estrés Laboral: Crónica de una situación des-esperada

estrés laboral

Juana es una joven profesional quien comienza su primer día laboral en una empresa multinacional.  Al conocer a sus superiores y las tareas a realizar, siente gran entusiasmo y piensa que, a pesar de las dificultades que implica la posición, logrará desempeñarse con éxito.  En el transcurso de las siguientes semanas, se siente cansada, desganada y muy abrumada.  El trato de sus superiores, la falta de organización de las tareas y la presión constante de los clientes transforma su entusiasmo en un obstáculo.

¿Qué sucedió? ¿Es el contexto que perjudica a Juana? ¿No posee las  competencias  requeridas para el puesto? Es posible que sean ambas cosas; pero en esta oportunidad, analizaremos cómo interpretamos las situaciones para transformar un potencial desafío que ayudaría a nuestro crecimiento interior y exterior, en un pesado obstáculo o en una situación nocivamente estresante.

Es probable que Juana, como todo joven profesional en su primer día, sienta entusiasmo al evaluar la situación como un desafío de aprendizaje y crecimiento.  A medida que pasan los días y los problemas se acumulan, ella va perdiendo esa confianza y comienza a pensar  que no cuenta con los recursos para poder resolverlos, y que el entorno es hostil con ella.  Estos pensamientos empiezan a reproducirse como conejos en su cabeza, transformándose en una fuente clara de estrés. Finalmente,  las situaciones vividas ya no impactan tanto como lo que se piensa acerca de ellas. En este contexto, no hay posibilidad de que Juana  genere cambios pequeños ni salidas creativas.  Su sistema nervioso empieza a reportar signos de estrés crónico: falta de apetito, nerviosismo, irritabilidad, insomnio, perdida del disfrute, angustia, enfermedades orgánicas (generalmente aquellas que comprometen al sistema inmunológico).

A esa altura, parece que la única salida es renunciar o alejarse por un tiempo de la situación desencadenante.  Puede ser una opción temporal, pero para resolver el problema uno tiene que aprender a reinterpretar tanto las situaciones de presión (interna o externa) como las oportunidades de crecimiento.  Actualmente existen diversas herramientas terapéuticas que pueden ayudarnos en este camino, como la  reprogramación cognitiva, el coaching, el  mindfulness, entre otras.

Entonces, cuando vivamos o seamos testigos de situaciones que generen un  estrés laboral crónico destructivo e inmanejable,  recordemos que  existen diversos caminos para aprender a manejarlas y  transformarlas en desafíos de crecimiento interior.

Lic. Vanesa Andrada