El miedo al cambio: la cara oculta de las dificultades para tomar decisiones

Los seres humanos no podemos no decidir, aun cuando pensamos que no decidimos estamos decidiendo. Sin embargo, la dificultad para tomar decisiones es uno de los motivos más recurrentes en las consultas psicoterapéuticas.

Durante mí recorrido profesional, he sido testigo de la repetición asidua de uno de los grandes motivos que bloquean a las personas hacia sus supuestas metas u objetivos: el miedo al cambio.

Grande es la paradoja cuando revisando, podemos confirmar que el cambio es parte intrínseca de la vida en este planeta. Hago extensivo el concepto porque la naturaleza sabia nos da sobrados ejemplos de esta afirmación: nada permanece igual ni para siempre, todo cambia y se transforma.  Parecería que los únicos seres que no fuimos anoticiados somos los seres humanos, quienes gastamos gran parte de nuestra energía (mental, emocional y física) resistiendo a los cambios inevitables y necesarios.  Sin percibir que la consecuencia de esta resistencia es el sufrimiento.

No me voy a extender en el origen del miedo al cambio, si quizás deslizar que nuestra mente está programada (desde diferentes influencias) para buscar seguridad.  Las situaciones que son conocidas y que manejamos en un nivel aceptable, forman la zona de confort. Paradójicamente, para crecer y desarrollarnos necesitamos salir de la zona de confort y afrontar desafíos.  Algunos desafíos podemos elegirlos; otros se nos presentan espontáneamente, y será nuestra relación con el cambio lo que determine el nivel de padecimiento de cada suceso.

En consecuencia, no podemos escapar del cambio… si podemos elegir cómo transitarlo: fluyendo o resistiendo.   Los cinco pasos, que se detallan a continuación,  nos ayudarán   a la hora  de tomar una decisión, salir de la zona de confort y comenzar a fluir con la vida.

Detectar a que le tememos. Identificar la fuente de nuestro malestar, y no solamente una sensación difusa, nos ayudará a tener un panorama más claro al momento de planificar nuestra decisión.

Diferenciar si el miedo es racional o irracional. Muchas veces nuestra mente nos juega malas pasadas, nos convence de la existencia de fantasmas que nos impiden avanzar en nuestro camino.  Diferenciar lo racional o esperable, de lo poco esperable es un gran paso al momento de armar las estrategias para avanzar en el nuevo camino.

Tener claro el beneficio de nuestro cambio o decisión. Ayuda tener anotado el o los beneficios para recurrir en los momentos que nuestra mente nos juega una mala pasada. Es una importante fuente de motivación, sobre todo si desglosamos esos beneficios en metas a corto plazo.

Revisar nuestros recursos. Con qué herramientas externas e internas contamos para afrontar las contingencias de nuestra decisión. Toda decisión implica una pérdida o un costo. Si al momento de decidir no somos conscientes de esto, nos veremos bloqueados en la mitad del camino.  Una vez que sepamos cual será la pérdida, permitirnos sentir angustia o tristeza es un modo de evitar bloquearnos y agrandar un malestar que también será pasajero.

Contar con una red social positiva. Es importante saber a quienes podemos recurrir en busca de apoyo emocional u operativo.

Tener presente estos pasos al momento de tomar decisiones nos ayudará a no perdernos en el camino, enredados en sensaciones y percepciones erróneas.

            Los buenos navegantes no surgieron de aguas calmas

Lic. Andrada Vanesa

 

Deja un comentario