¿Cómo elegir el colegio para nuestro hijo?

Una de las decisiones más difíciles que deben asumir los padres  es la de elegir el colegio donde sus hijos pasarán gran parte de su vida. Allí  adquirirán los conocimientos que se imparten durante el proceso educativo, pero también descubrirán y desarrollarán habilidades y  competencias, tendrán sus primeras experiencias en el mundo social, harán amigos y compañeros. Es decir,  será la escuela un relevante espacio  vivencial por fuera del núcleo básico, que es la familia.

como elegir el colegio de nuestro hijoNumerosos interrogantes suelen invadir a los padres durante el momento de evaluar las diversas posibilidades que se generan a partir de  los diferentes proyectos educativos que se ofrecen en la actualidad. A ellas se les suma las cuestiones  de  la propia rutina y economía que cada familia maneja.

¿Escuela pública, privada o pública de gestión privada? ¿Jornada simple o completa? ¿Laica o religiosa? ¿Educación bilingüe? ¿Y en qué lengua: inglés, francés, alemán, italiano, entre otras tantas? ¿De orientación constructivista o conductista? ¿Que pertenezca a alguna comunidad  de inmigrantes radicada en nuestro país, o a algún club deportivo, o a alguna universidad?

¿Se prioriza que se ubique en las cercanías del hogar? ¿Cerca del trabajo de los padres? ¿De la casa de los abuelos? ¿Qué vayan juntos los hermanos?  ¿Valor estimativo de la cuota?

Tenemos entonces un entramado de posibilidades que requiere ante todo un análisis minucioso por parte de  los padres que les permita decidir cuál será la mejor alternativa para sus hijos en particular  y para la familia en general.  Y si bien es cierto que, hoy en día, los colegios suelen promocionar la “educación integral”, esta es más una utopía que una posibilidad concreta ya que, en menor o mayor medida, cada institución favorece un aspecto sobre otro.

Lo primero a tener en cuenta debería ser  aquello que, quizá a simple vista, no pueda vislumbrarse. Nos referimos a los valores e ideales  sobre la que toda institución construye sus bases. Es importante que los papás se pregunten si acuerdan con el ideal de hombre que toda escuela propone y que puede abarcar distintos planos como ser el religioso, el ideológico y el cultural.

A su vez, tendríamos que considerar cómo es nuestro hijo: cuáles son sus inteligencias, capacidades e intereses, cómo es su personalidad. Esto nos llevaría a preguntarnos si el colegio al que aspiramos responde a lo que él necesita y facilitará su proceso de aprendizaje. Es probable, por ejemplo,  que si nuestro hijo tenga desarrollada su inteligencia corporal (es decir que “sea bueno en los deportes”, como se dice habitualmente) se encuentre más a gusto en un colegio que dependa de algún club  donde pueda, además de adquirir los conocimientos relacionados con la educación formal, practicar y entrenarse diariamente en diferentes disciplinas deportivas. O asistir a un colegio de jornada simple para poder, durante el resto del día, complementar su formación de manera intensiva en alguna entidad deportiva. De la misma manera, niños que presenten desarrollada su inteligencia musical o visual – espacial (relacionada con las artes plásticas) se verían beneficiados por la elección de un proyecto educativo que las considere.

Ahora bien, si nuestro hijo presenta desarrolladas las inteligencias lógico-matemática y lingüística, tradicionalmente valoradas en el modelo educativo, seguramente se sienta a gusto y aproveche los aprendizajes que proponen, por ejemplo, los colegios bilingües.

Además,  la doble jornada, que está pensada a partir de una currícula basada en materias formales (lengua, matemática, historia, entre otras), implica que los alumnos puedan sostener la atención durante una carga horaria considerable. Hay que tener en cuenta que un niño hiperactivo, sujeto a esta exigencia, puede presentar un déficit atencional, que es muchas veces causante de fracaso escolar, y que con una acertada elección de colegio podría evitarse.

En síntesis, la decisión del ámbito educativo para nuestros hijos no solamente debería contemplar lo que en una primera aproximación la sociedad nos ofrece, sino que lo que nuestro hijo necesita en función de sus particularidades. A ello habría que sumarle, el factor ideológico que coincida con el que como familia sostenemos. Por supuesto, no dejar de lado las cuestiones más prácticas como la organización requerida para llevar y traer a los niños y el valor de la cuota, la que se debería poder afrontar a lo largo de los años que dure la escolaridad.

Este artículo ha tenido como objetivo que nos cuestionemos sobre el proceso reflexivo que conlleva el decidir dónde deseamos que nuestros hijos se eduquen formalmente. No se ha pretendido dar recetas ni “tips”, sino mostrar que, detrás de esa decisión, descansa el proyecto de vida que anhelamos para ellos y cómo los  consideramos.   Las variables y posibilidades que, a modo de ejemplo hemos tratado,  no son más que algunas dentro de un panorama social, familiar e individual muchísimo más amplio y por supuesto inabarcable en un artículo.

Prof. Juliana Seijo

 

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